La tarde del domingo 16, casi 24 horas después de convertir al Estadio Nacional en un polvorín de 50 mil adolescentes, Justin Bieber (17) pudo salir del hotel W de incógnito y trasladarse hasta una sala de cine del Parque Arauco, donde junto a su círculo de hierro vio la cinta Gigantes de acero.
Tras el paseo -y casi como una forma de festejar esa libertad momentánea-, el canadiense y su staff fueron hasta un restaurante de comida china del sector oriente y ocuparon uno de sus salones exclusivos. Ahí estuvieron cerca de 45 minutos, siempre atentos a la sospechosa cercanía de cualquier extraño. Luego, retorno al hotel, donde se sumergió en su pasatiempo favorito: jugar Playstation.
Además, había que acostarse temprano. Ayer, cerca de las 9 horas, Bieber abandonó el recinto en el mismo helicóptero que lo movilizó en su llegada y fue hasta el sector de Aerocardal de Pudahuel, donde tomó su avión privado con destino a Lima, próxima escala de su periplo. A la capital peruana arribó tres horas después, lo que dejó plasmado en el comentario eufórico de rigor que colgó en su Twitter: "Acabo de aterrizar en Perú... tengo un show esta noche... vi Dexter todo el vuelo...".
La Tercera

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